Yo La Tengo - SaturdayThe room was filled with talk
For anyone listening
I found a spot by the door
With no one around
(...)
I was engrossed in the film
Without really watching
Said, "who's the guy with the gun?"
As if I was involved
Let my mind go
Out of tune
Out of tuneMe tomo el duodécimo ron. Los he venido contando, estoy tan aburrido que hasta entré al baño para memorizarlo. Conté las baldosas, los azulejos y las líneas en el techo. Luego salí y me tomé el undécimo ron. Ahora estoy aquí (como si decir eso no fuera impreciso de por sí). Hace una hora y media cuando me tomé el quinto tequila, supe que no había regreso. Bueno, qué diablos, me dije. Tomé la copa y me embutí el tequila. Justo después me tomé el sexto tequila.
Ahora estoy borracho y confuso, siento que en mi mente crece una nube.
Los miro, me aferro a ellos para no pensar en el vértigo que siento. Están conversando pero por alguna razón no puedo entender lo que dicen. Es decir, las palabras las comprendo, pero una fuerza me hace perder el interés de inmediato y eso me impide hilar las ideas de los que hablan.
La chica de un compañero de la universidad está sentada frente al televisor viendo una película en Hallmark Channel. Un tipo bronceado sostiene un revólver plateado con supuesta audacia. Más bien parece un maricón. Sin embargo logra intimidar a un tipo rudo y sucio, lo que llamarían un truhán. El tipo bronceado le golpea la boca con el arma al truhán, y luego se va caminando como todo un ganador. El televisor no tiene volumen, pero alcanzo a leer los labios del sujeto bronceado al despedirse: “At least you’re alive, fuck face”. Bueno, considerando mi borrachera y la censura de un canal como Hallmark, seguro me lo inventé todo. Además apesto leyendo los labios, no sé ni siquiera para qué lo intenté.
Pierdo el interés por la película rápidamente. La chica en cambio está hipnotizada, tan concentrada está en el TV que no se puede mover. Me gustaría tomar lo que ella, pero la verdad es que nadie me ha ofrecido nada además de licor. No me quejo, pero me aburro.
Sutilmente la intensidad de la luz disminuye, dándole así un halo de irrealidad a la habitación. De repente mi entorno parece una fotografía subexpuesta, incluso se ve un poco difuminada aquí y allá. Las imágenes del TV pierden claridad también, sólo son rayos catódicos difusos. El cambio de luz deja de ser sutil, de un momento a otro la fotografía que llamo mi día a día está velada. Pura oscuridad.
-Oye, oye, no te duermas- me dice la chica del TV mientras me sacude suavemente. Conservo el recuerdo fugaz de haber estado cabalgando un rinoceronte en mis sueños, pero ese recuerdo parece inventado. Con mayor latencia recuerdo la oscuridad de una siesta sin sueños.
-No te duermas. Uno no se duerme en las fiestas, es de mala educación- La luz regresa con cada palabra suya, la claridad también. Me gustaría más estar cabalgando un rinoceronte que tener que escuchar su voz chillona.
-¿Por qué no ves la película conmigo?- Miro el TV. Las imágenes ya son reconocibles. El tipo bronceado habla con una señorita, la cual supongo es la doncella en peligro. Casi al instante el avance del argumento demuestra lo contrario, porque de la nada el tipo saca su revólver plateado y le da un cachazo a la chica. Ella sangra por la boca. Intenta alcanzar una pistola que tiene en el tobillo, pero el tipo actúa primero y le da un balazo en el pecho.
-¿Quién es el tipo de la pistola?- le pregunto fingiendo interés.
Ella levanta los hombros.
-No he estado escuchando lo que dicen, pero por lo que he visto, supongo que es un tipo que le encanta golpear a la gente con su arma.
-Dicho así suena hasta pornográfico- Le digo. Ella asiente.
-El tipo es cojonudo- me dice ella.
-¿Por qué cojonudo?-
-No sé, hace lo que le da la gana.
-No, ¿por qué decís cojonudo? Esa palabra le suena muy rara a una latina.
-¿Ah sí? Es sólo que me gusta. Las palabras con j son guay…
Suspiro malhumorado. Por la mirada que usa, sé que va a empezar a parlotear.
-Guay, otra palabra hermosa. La historia de esa palabra es muy bonita, ¿la conoces?-niego con la cabeza –Pues bien (¡Cuántos “Pues bien” han sido la introducción de una velada espantosa!) guay se deriva de la palabra árabe kuwayvis, que significa bueno, de calidad. Pero lo más interesante es cómo llegó a España, ya que su introducción estuvo de la mano del tráfico de hachís, que es otra palabra salida del árabe….
Mientras ella habla sin parar, el mundo se transforma de nuevo, atenuándose hasta casi desaparecer. La única sensación táctil de la que estoy consciente es mi cabeza apoyada sobre el respaldo de un sofá incómodo. Un vértigo repentino me recuerda que estoy borracho como una cuba. Si tuviera algo de fuerzas, le preguntaría por qué se dice borracho como una cuba, ya que al parecer es una ávida lectora de libros traducidos por españoletes. O le preguntaría si tiene marihuana. En cambio, con la poca sobriedad que tengo, le digo:
-Voy. A. Descansar. Mis. Ojos. Espero. No. Le. Moleste- Ella asiente y se ríe., supongo que por la forma de hablar entrecortada y debilucha de su interlocutor.
Siento que el sofá desaparece debajo de mí; me despeño, el típico ingreso al mundo de los sueños.
Ahora estoy en Marruecos, lo sobrevuelo. A mi lado una bandada de vaginas voladoras describe círculos precisos en el aire, como si fuera una coreografía. La visión es magnífica: las tierras áridas se extienden hasta que la vista se acaba, las vaginas entran y salen de las nubes (que parecen de helado) y un sol gigante alumbra causando placer, en vez de enojo y desesperación. Mi cuerpo desciende sobre una población rústica, justo al lado de unos chicos que fuman kif de un narguile multicolor. Del narguile sale una cobra y se abalanza sobre mí.
Me despierto sobresaltado. La chica ya no está. Quería decirle que mi apellido es de Marruecos. La localizo rápidamente por su voz chillona, ahora está hablando con una chica rubia en la esquina más opuesta a la mía. Alcanzo a escuchar que le dice que tanto Venus, como veneno, tienen la misma raíz. En la sala, que es contigua al cuarto en el que me encuentro, se alcanza a oír una canción ruidosa que dice “All you do is talk”. Tengo serios problemas para mantenerme despierto, algo parecido se debe sentir la agonía. Bueno, exceptuando la parte del dolor y el miedo a morir. Pero seguro es algo parecido. La conciencia de que yo soy yo desaparece gradualmente mientras me fundo con el universo: una masa ingente de estupidez y caos; charlas inocuas y ondas electromagnéticas; pensamientos y vampiros de nivel cinco que pueden leerlos.
-Una completa pelotudés- alcanzo a escuchar que dice la chica del TV, prestando de nuevo vocablos foráneos. Se escucha muy lejana, como si fuera una emisora mal sintonizada. Y sin saber muy bien a qué se refiere, asiento mentalmente. Luego su vocecilla se pierde entre toda la maraña universal. El encandilamiento que significa tener el punto de vista del universo, hace que lo demás lo recuerde velado. Una siesta sin sueños.
Me despierto. Tengo la garganta seca y la boca mojada. El mundo no se queda quieto. A ese paso voy a terminar decorando el sofá de comida predigerida. Me levanto con disimulo y camino despacio hasta el baño. Mientras vomito hago recuento del inventario previamente hecho al baño: 78 azulejos, 18 baldosas y 90 líneas en el techo. Si fuera algo de verdad importante, eso seguro no lo recordaría. Lo último que vomito es aire, tres o cuatro arcadas de puro aire. Durante unos segundos me quedo inmóvil ante la cerámica del inodoro sintiendo el ardor de los jugos gástricos en las paredes de la nariz y la garganta. Tras aguardar unos segundos frente el receptáculo de porquería, me empiezo a sentir bien, con un mal menos. Una disminución notable de las piedras en mi zapato. Luego me siento realmente bien, es una sorpresa. Me limpio y salgo con intención de unirme al cotilleo, de servirme un ron, de encender un cigarro…pero cuando llego a la entrada de la habitación escucho a la chica del TV, la novia de ese compañero de la universidad que casi ni conozco, diciendo no sé qué sandeces con acento argentino impostado y eso me desanima de inmediato. El tiempo se comprime durante unos segundos, miro el reloj que hay en la habitación, dice que es la una y media de la mañana; miro a las demás personas en la habitación, no conozco a la mitad, parlotean como el demonio, parece que se gritaran. Después de analizar rápidamente la situación, decido improvisar un ademán de despedida. Nadie parece notarlo. Me quedo unos segundos congelado ante el umbral de la puerta pensando si debería intentarlo de nuevo. Lo hago de nuevo, agito mi mano suavemente de un lado a otro, pero todos están enfrascados en conversaciones muy apasionantes, o eso parece, y no se dan cuenta de nada más.
De salida me encuentro con el dueño del apartamento, conversa tranquilamente con una chica muy fea, los dos están sentados en un sofá grande. Me despido de él con las cejas, teniendo previsto un fiasco social como el anterior en la habitación. Pasa todo lo contrario, el anfitrión se excusa con su acompañante, se para del sofá y se acerca.
-¿Te vas tan temprano?
-Sí, mucho trabajo me espera en la casa. Y mañana en la oficina esperan también bultos de papeles. De hecho –el delicioso sabor de las mentiras innecesarias estimula mi lengua. Lo miro mientras saboreo la parrafada dispensable con la que voy a despedirme de él, saboreo la pausa -últimamente he trabajado más que un odontólogo peruano. En serio, no veo el momento de ponerle fin a tanto estrés.
Él asiente, como si lo comprendiera todo acerca de mi situación falsa.
-Bueno…-dice él, con tono de querer zafarse de mí en el acto. Pero no pienso soltarlo todavía. Voy a entregarle más información personal falsa Quiero importunarlo como los demás me importunan a mí (con sus confidencias, sus extensiones vocales de ego, con sus cuestionarios sacados de revistas para adolescentes.)
-Sí, de hecho desde hace varios días que no me puedo pegar una cagada como dios manda. El doctor dice que es el estrés, siempre el hijo de puta estrés. Yo en cambio pienso que la señora que me renta el piso donde vivo, me está poniendo cosas en la comida para que yo no cague…
-¿Y ella qué ganaría con eso?- Pregunta el anfitrión. Yo levanto los hombros. Él continúa: -Bueno, espero que te vaya muy bien… -lo agarro del brazo sabiendo de antemano el efecto que esto provocará. El anfitrión, como lo había previsto, se corre hacia atrás, un acto reflejo de la higiene. Lo que no recuerda el anfitrión, es que hace cinco segundos le estaba hablando de ausencia de mierda, mi comentario era más aséptico que la jeringa de un yonki con manías. Otra prueba más de que hoy en día, nadie escucha a nadie en realidad.
Mientras lo sostengo de la mano, le digo que no sé hacia donde encaminar mi vida, que estoy perdido en una oscuridad densa y perpetua. Esto y lo otro, realmente no presto mucha atención a mis palabras. La cara del anfitrión se transforma, pasando de la neutralidad de un anfitrión, a la aburrición y asco de aquel que lidia con un mendigo parlanchín en la sala de su propia casa.
-Así que ya ves, por eso no me puedo quedar en tu maravillosa fiesta, mucho trabajo y mucho estrés…- termino de decirle.
El asiente, ahora sí lo comprende. Me acompaña hasta la puerta y la cierra en mis narices.
En la calle hace frío, una densa niebla cobija las calles. La sensación de bienestar se renueva al recordar que no soy ese canalla que se despidió del anfitrión. La descripción de ese ser detestable concuerda con mi opuesto exacto: una cucaracha de oficina.. Y fue él quien acudió en mi ayuda, el canalla-parte-integral-de-mi-ser, el que trabaja en una oficina, se desquitó por todo el tedio recibido en la noche.
Mientras camino, mirando mis zapatos, respirando el aire húmedo del amanecer, regresan como por arte de magia (azar) las palabras del tipo del revólver plateado: “At least you’re alive, fuck face” (Al menos estás vivo malparido). Ahora tengo la seguridad de que esas son exactamente las palabras que utilizó.